El valor de las arrugas y las cicatrices

Escribir un libro es como recorrer un sendero que desconocemos con un mapa rudimentario. El mapa nos da un cierto sentido de dirección, pero la realidad es que no podemos estar seguros de que llegaremos al destino deseado hasta que el trayecto llegue a su fin. Y, muchas veces, los atajos y los momentos de desorientación terminan siendo más interesantes -¡y productivos!- que el destino mismo.

Esto fue lo que me ocurrió mientras escribía e investigaba para mi libro “El Círculo Virtuoso”. En plena labor de escribir “El Arquitecto”, uno de los conceptos que descubrí fue el del Kintsugi. Se trata de un arte japonés derivado de la alfarería que describo en mi libro de la siguiente manera:

El kintsugi 金継ぎ es una antigua técnica de cerámica japonesa que consiste en reparar objetos uniendo sus partes rotas con hilos de oro. En lugar de intentar disimular las imperfecciones, el kintsugi las usa como punto de partida para recomponer y darle carácter al objeto.

Entender a las “imperfecciones” como parte de la obra terminada es un concepto hermoso. Recuerdo un fragmento de la fantástica película “Good Will Hunting” donde el psicólogo que interpreta Robin Williams (por el que ganó un Oscar a mejor actor de reparto) le cuenta a su paciente (Matt Damon) que una de las cosas de las que se dio cuenta luego de la muerte de su esposa es que las pequeñas “idiosincrasias” de la vida cotidiana -sus “ruidos corporales”, su forma de comer, sus palabras favoritas- eran las que más recordaba y las que mejor describían la “esencia” de su mujer.

La gran sabiduría del kintsugi es que resignifica el valor de la quebradura. El momento del quiebre deja de tener una connotación negativa -el momento de la destrucción- y se transforma en un acto creativo: en el objeto reconstruido, las cicatrices son líneas de oro que narran su historia.

Una buena manera de sanar es aplicar el arte del kintsugi a nuestra propia historia, usándolo para transformar esos momentos dolorosos en instancias de crecimiento, en oportunidades para formar nuestro carácter. Un corazón roto es un corazón sabio. Un plan truncado es la semilla de una nueva idea. Una ilusión desmoronada se transforma en el cimiento más sólido del próximo proyecto. Cada ser humano es la suma de sus arrugas y cicatrices.

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